Cuánto tiempo me llevó
adormecerlo, anestesiarlo
cuántas penas yo pasè
para guardarlo
protegerlo
Y cuando estaba muriendo
cuando alcanzaba su paz...
entraste como un remolino
hinchando las arterias
sacudiendo a fuego vivo
la sangre y su destino.
Tus manos temblorosas por la fiebre
de su tumba lo sacaron
Llena de gracia por el milagro
te lo entreguè, mi hijo màs preciado
Y me pregunto
¿Qué hago yo ahora
con esta soledad tan sola?
Ya no lo quieres en carne viva
al descubierto
era tan sòlo un experimento....
¿Qué gracia tiene ahora llenarme las manos de sangre
sentir las heridas y el dolor
si ese dios milagroso
ese mago misterioso
no es màs que un alquimista
un cirujano, un Favaloro
un Frankenstein?
¿Cómo pudiste encender este fuego
y luego, como en un juego
ponerlo de nuevo en hielo?
¿Qué hago yo ahora con estas manos tan frías?
Me aconsejas que lo entierre
para evitar la peste
Temes contagiarte...quieres irte, vete
Yo me quedo aquí
con un cadáver frío
tan sòlo, tan mìo
sin siquiera maldecirte
sola, para despedirte
Y luego, lentamente
me adormezco
y en sueños veo un Merlìn grotesco
que, con tu cara y con tu mismo gesto
me apuñala sin ningún pretexto.
viernes, 4 de enero de 2013
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