Sí que fue un mes duro éste. Todo el año intentado que Felipe se adaptara al colegio, a sus compañeros, a la maestra, después de un constante ir y venir a Buenos Aires por tratamientos por su epilepsia para que prácticamente al finalizar el año escolar, la directora me comunicara que Felipe debía abandonar la institución debido a que su inteligencia estaba por debajo de lo normal... A Felipe se le han ido muriendo las neuronas debido a las convulsiones. Yo no se las he matado. El no tiene la culpa. Pensaba yo. Y comencé nuevamente el largo peregrinar en búsqueda de una escuela caritativa que me lo recibiera...acudiendo a contactos...sintiéndome el ser más desgraciado del mundo. Es que Felipe tiene siete años y unas ganas inmensas de tener compañeros y cumpleaños y globos y piñatas y tortas y todo eso. Y esta mujer que le tiene miedo a las diferencias. Este mundo que no comprende. Y yo que me sentía la víctima de las víctimas por tener que ser la mamá todopoderosa que debía conseguir la sexta escuela para mi hijo. Sì, la sexta. Tiene siete años y ya lo expulsaron de seis escuelas. Y es un amor. Si lo vieran. Pero, claro. Soy la madre. A veces me canso. Y me quejo de mi realidad. Estoy cansada de este peregrinar. Pero también, a veces, la vida me calla la boca.
Hoy fui al cumple de una amiga y al regreso traje en mi auto a una amiga suya que vive cerca de mi casa. Me contó de su hijo. Tiene la enfermedad de Lorenzo. Se está por mudar a una casa en el campo. A esperar lo peor. Cuando su hijo tenía la edad de Felipe, ella estaba como yo, viajando a Buenos Aires, consultando a la misma doctora que yo, para confirmar lo que yo, gracias a Dios y a la Virgen y a todos los santos, descarté. En ese entonces, Robertino ( ése es su nombre) tenía toda la vitalidad y comenzaba con algunos síntomas. Ahora es prácticamente un vegetal, a los dieciocho años. Mientras Cecilia hablaba, un nudo se le hacía en la garganta y a mí, en el estómago. Le pedía a Dios fuerzas para esa gran mujer y sólo quería regresar a casa para abrazar a mi niño. Y yo que me sentía la víctima de América, ahora me siento la mujer más bendecida del mundo. Apenas entré a casa, abracé a Felipe con toda la fuerza y , como si supiera, se me colgó del cuello, sin separarse un segundo de mí. Dios, qué dura y bella que es esta vida ...
sábado, 16 de noviembre de 2013
Mi niño especial
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