Más lo pensaba y menos lógica tenía. Hacía tiempo ya que Gustavo estaba raro y ya
la tenía con los nervios rotos. Ya no sabía si eran alucinaciones o qué. Quiso
entablar una conversación adulta con quien había sido su marido por 20 años.
Pero, ¿cómo decirle que veía su espíritu divagando por ahí?
Anoche, mientras dormían, los perros no paraban de ladrar. Tanto
era el barullo, que le pidió a Gus que se fijara por la ventana qué pasaba. No
era nada ( le dijo Gus, corriendo la cortina) . Tan sólo el burro que molestaba
a las gallinas. Lo patético era que Gus seguía roncando lisa y llanamente a su
lado y su espíritu le hablaba desde la ventana. Sonia no podía pronunciar
palabra, del pánico que le producía la situación. Entre los ronquidos, Gus estiró su brazo,
comenzando a acariciarla como sólo él sabía. Pero ésta vez no surtiría efecto
ese masaje que en otro momento habría sido afrodisíaco…Sonia comenzó a sentir
pánico ante la presencia de su propio marido.
Obviamente, comenzó a psicoanalizarse y las conclusiones obvias
a las que su psicoanalista la guiaba, no la tranquilizaban. Que ella ya no
amaba más a Gus y que se negaba a reconocerlo. Que su inconsciente estaba
hablando y produciendo esas alucinaciones…bla…bla…bla.
Sí, claro. Hasta al gato se le habían erizado los pelos al ver
el espíritu de Gus abriendo sutilmente la puerta del baño mientras ella tomaba
su ducha. El espectro había ingresado como si nada. Le había cerrado las
canillas y había partido no sin antes apagarle la luz. Otra vez Sonia se había
quedado estupefacta ( amén de desnuda). No sabía si insultar a su marido o convocar a
un ejército de ángeles a poner las cosas en orden. Una sola cosa tenía clara: éso
no era un rechazo sexual ni una negación amorosa. Cuando logró encender el
celular para iluminarse en el baño, vio al gato encorvado cual jorobado
chillando estrepitosamente ahuyentando los malos espíritus…Ésta es cosa de
Mandinga, se dijo para sí. Y el hombre
es un animal de costumbre. Ya debía
acostumbrarse a estas escenas y no reaccionar con tanto pánico. Pero el corazón
le latía con tanta fuerza que no podía pensar con claridad. Envuelta en su robe
de baño, ingresó al dormitorio. Gus roncaba como siempre. Se puso el camisón e
intentó conciliar el sueño pero no pudo conciliar ni sus temores. Era mejor
actuar que quedarse ahí haciendo nada. Abrió la puerta de su casa y se subió al
auto pretendiendo rumbear hacia la casa de su amiga a dos cuadras. Las manos le
temblaban. Era una noche preciosa, irónicamente. No
lograba colocar las llaves en su lugar de lo nerviosa que estaba; ni qué decir de presionar los pedales
con los pies descalzos…Por fin, logró arrancar. Encendió las luces del auto y
miró por el espejo retrovisor para comenzar a maniobrar. Desde allí, sentado en
el asiento trasero del coche, el
espíritu de su marido le indicaba hacia dónde girar el volante y le llamaba la
atención por haber dejado la puerta abierta.
¨Así nunca podrás sentirte segura, querida…Tienes que tomar las riendas
de tu propia vida. Has sido siempre muy
dependiente de mí^.
Esto es un mal sueño, pensaba ella con las pocas neuronas que
le funcionaban. Pero intentaba despertar y no lo conseguía. Bajó del coche y
salió corriendo como quien ha visto un espíritu. Giraba en torno a la casa y fue a refugiarse
detrás del burro y las gallinas. Gus había escuchado el alboroto y se le acercó
dulcemente. ¨ Querida, estás muy estresada. Me parece que te voy a enviar a
Europa a tomarte unas hermosas vacaciones con tu amiga Vero. ¿Te parece? ¨Entre
balbuceos, ella asintió. Después de todo, nada era normal.
El viaje resultó un auténtico desenchufe. La Sagrada Familia,
Barcelona, Madrid. Todo era lindo. Todo.
No extrañaba a Gus, para nada. Quizás su psicóloga tenía razón. Quizás debía
tomarse un tiempo para pensar y alejarse de él. Tal vez, debía aceptar a ese
hombre de Facebook que tanto le insistía para conocerla. Ups. El señor era
brasilero, de Sao Paulo. El avión hacía escala allí. Debían esperar unas
cuantas horas en Brasil. ¿Por qué no? ¿Por qué no tomárselo como una aventura?
Concertaría una cita con el susodicho y terminaría con toda esta historia.
Total, Vero, su amiga, sería una tumba. Ella nunca había querido a Gus.
Señores pasajeros, Iberia les anuncia que en unos minutos
iniciaremos el descenso al aeropuerto de Sao Paulo. Les rogamos…Sonia nunca
había sentido tanta emoción en su vida. El apuesto caballero la esperaba allí y
pasaron una tarde fenomenal, sin entrar en detalles. Recostada en la cama del
hotel, pensaba en lo linda que era la vida y comenzó a dormitar mientras
disfrutaba de la sensación de las caricias del brasilero en su espalda…De
repente, una voz desde el baño le recordó que no había ningún ser de carne y
hueso acariciando su espalda… "Você
está bem?"

