lunes, 7 de octubre de 2013
Orgullo y prejuicio...en un colectivo en el conurbano bonaerense...
Ayer, regresaba yo con mi niño de La Plata en colectivo, ambos cómodamente sentados en el primer asiento debido a que habíamos partido de la terminal. Ansiosa por llegar a Capital Federal, porque tenía otra cita pendiente, disfrutaba del paisaje. De repente, veo que el colectivo se detiene y suben no menos de 500 personas de todas las nacionalidades. Juro que lo de 500 no es una figura retórica. Al menos unos 30 senegaleses de 2 metros de altura se ubicaron por donde pudieron por todos lados, terminando uno de ellos sentado sobre el hombro de mi pequeño niño que decía: ¨no puedo respirar¨. Yo empecé a revisar mis bolsillos y cartera, chequeando que todo estuviera en su lugar....De entre la multitud, se veía a una pobre madre ¨ santiagueña o boliviana¨ ( a las ¨eses¨las pronunciaba muy bien) con una niña de un año de edad colgando entre hombre y hombro. Le ofrezco sostener a la niña en mi regazo durante el viaje, ya que yo estaba cómodamente sentada. Me la entrega y la niña se duerme. Continúa subiendo gente y nos perdemos en medio de la ruta y la oscuridad. Presiento cierto peligro...el corazón me late fuerte...Comprendo que los años han pasado. Que veinte años antes todo éso me hubiera resultado divertido, pero con dos criaturas a mi cargo, la adrenalina iba creciendo y me decía bajito¨ watch out,watch out¨. Los senegaleses hablaban , supongo, en ´senegalés´si es que ese idioma existe, porque yo no entendía un pomo. Al lado del senegalés que usaba a mi niño de sillón, había un hombre de rasgos indígenas, que hablaba otro idioma desconocido con la señora del asiento de atrás. Estoy rodeada de foráneos, pensé, con cierto resquemor. De repente, lo que presentía: desde el pasillo llegaba una discusión en tono alto. Reconocía las puteadas porteñas ( son inconfundibles), aunque con cierto dejo de.¿.beodez?...¿lengua trabada por productos alucinógenos? . No podía distinguir bien. Eso sí, parecía estar insultando a uno de esos hombres negros grandotes porque las respuestas eran un poco incomprensibles. La gente comenzó a moverse por el poco espacio que había, sosteniendo ahora en mi regazo no sólo a la niña, sino también al ecuatoriano que hablaba en quichua. Comenzaron los empujones y la gente se abrió para que los dos contrincantes se acercaran al chofer, es decir frente a mí , mis dos niños ( digo ¨ dos* ) porque ya había perdido de vista a la madre boliviana y había decidido hacerme cargo de protegerla a ella también. Los golpes continuaron frente a mi vista y la de los niños, por lo que, temiendo que alguno tuviera un arma, le ruego al chofer que detenga la marcha y los baje. Acto seguido, se detiene y bajan los dos. Los puedo ver perfectamente por el vidrio. El porteño empuja al senegalés, le llama ¨ negro de mierda¨ . El senegalés reacciona y le pega una trompada, el porteño saca una daga larga, larga, larga y le tira una estocada que el senegalés esquiva hábilmente. Le pido al chofer que arranque, que había niños, que llamara al 911 para que se hiciera cargo de los contrincantes, pero no me hace caso. A esas alturas, ya temía que alguien sacara un arma de fuego. Todo era muy almodovariano. Yo gritaba por la madre de la niña pero no aparecía, pequeño detalle. ¿ Habría quedado aplastada entre la multitud durante la corrida? En fin, los senegaleses restantes se bajaron del micro,a ayudar a su amigo y ahuyentaron al porteño quien quedó solo y varado en la vía y el resto subió nuevamente al colectivo. El senegalés le preguntaba algo al ecuatoriano pero el ecuatoriano le contestaba en castellano que no entendía su idioma. De modo, que, aparte de madre sustituta y defensora de menores, me convertí en intérprete de ambos , dado que el senegalés también hablaba inglés. A esas alturas, ya todos éramos parte de una cofradía y el diálogo se había tornado relajado y simpático. El ecuatoriano me enseñó que una frase que mi papá siempre decía : tanto tiempo chicanki tamapurinki samá causana huasi...significaba ¨ qué casa tan bonita¨... El senegalés me dijo que estaba preocupado por los niños y que se había bajado a pelear a la calle para cuidarlos y me pedía disculpas...Al fin y al cabo, los foráneos de quienes tanto había sospechado al principio, mostraron ser gente amable y considerada. La madre santiagueña o boliviana..se me acercó llorando a abrazar a su niña y me agradecía entre lágrimas y ´eses¨ incomprensibles. Saben, yo soy de Salta y no pronunciamos las ¨ eses¨mucho y no tengo entrenado el oído para comprenderlas cuando me ponen muchas juntas. El único de quien no había sospechado...el porteño común y corriente...había sido el causante de toda la gresca y de no haber sido por él, todo habría sido un agradable viaje cosmopolita...No crean que me estoy cubriendo. Todo lo contrario. Hago mea culpa por haber desdeñado lo diferente por puro prejuicio ; y la vida, siempre sabia y jodida, otra vez me tapó la boca y me enseñó que al enemigo, a veces, lo tenemos en casa...
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